29 de octubre de 2014

APOYO A RUSIA

La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas cayó, dizque sin apenas estruendo. Yo personalmente me alegro bastante de que desapareciera de la faz de la tierra aquella tiranía que sojuzgó a medio mundo gracias a la ayuda liberal-capitalista, como nos recordó el eminente polígrafo Aleksandr Solzhenitsyn, el gran anticomunista que, asimismo, fue un bravo denunciante de los errores de Occidente. No se hubiera mantenido la URSS si Trotski no hubiera sido financiado desde Estados Unidos por los Rockefeller, si Lenin no hubiera recogido dinero en Zúrich (procedente principalmente de Prusia) y si Roosevelt no hubiera proveído de constante ayuda logístico-económica a Stalin. Con todo, ¿qué es lo que venía después? No nos engañemos: Si bien fue el mundo liberal occidental el que pactó con el comunismo desde mucho antes de la 2GM, todo ello era por algo. Amén de intereses comunes, ahora los buitres esperaban su carroña. Lo que ellos ni sabían ni intuían era lo que decía el ínclito jurista Álvaro d´Ors ya en 1987:
«No quisiera ocultar mis reservas frente a aquellos que, ante el conflicto Este-Oeste, toman decidido partido por el Oeste: Prefieren el Capitalismo al Comunismo. Esta opción, corriente en España como en todo Occidente, es explicable, pero no sé si es del todo acertada; en todo caso, estamos de nuevo en el error de la política del ‘mal menor’. Es evidente que en el hemisferio del Capitalismo la vida es más llevadera, y no deja de haber aquí un cierto aire de libertad, aunque las elecciones suelen estar muy condicionadas por la seducción de las masas, que ha alcanzado una perfección técnica irresistible, y que esta apariencia de libertad falta en el hemisferio comunista. Pero no es menos cierto que el deterioro humano del Capitalismo, al ser más placentero e insensible, resulta por ello mismo mucho más letal que la brutal disciplina del Comunismo. Este, por lo menos, puede hacer mártires, en tanto que el Capitalismo no hace más que herejes y pervertidos».
Mapa de Prusia (1866)

Álvaro d'Ors y Pérez-Peix fue un jurista español y uno de los romanistas más influyentes del siglo XX

A ello, añadamos la constancia en la fe de muchas mujeres rusas que, como recordó el profesor letón Walter Schubart en Europa y el alma del Oriente, bautizaban a sus hijos aun a escondidas (Putin fue uno de ellos), manteniendo en el hogar la lumbre de la fe contra viento y marea. Es por ello que a pesar de que aún hay bastante ateísmo, la tradición cristiana vuelve a resurgir en Rusia en particular y, en la Europa del Este en general.

Con todo, en nuestros días se masca la tragedia en Kiev, y la jugada anglo-estadounidense en Ucrania viene precedida por toda una geopolítica agresiva que consiste en anular a Rusia. Desde los sangrientos conflictos provocados en el mundo árabe (¡y lo llaman «primavera»!), se ha envalentonado la carrera mundialista. El pseudo-imperio anglo-sionista, coaligado con los déspotas petroleros de la Península Arábiga y con los delirios de imperialismo otomano de Erdoğan, actuó a saco en Túnez, Libia y Egipto, pareciendo facilonas sus prefabricadas revoluciones. Pero he ahí que en Egipto el gobierno de los Hermanos Musulmanes, apoyado por esta caterva (¡los que dicen luchar contra al-Qaeda!), ha durado poco porque el ejército, fuente de poder en el país de las pirámides, ha reaccionado con contundencia. Eso sí: A las puertas de un conflicto civil que puede empezar y acabar como el rosario de la aurora, para mayor gloria de los traficantes de armas y los colaterales intereses. Empero, donde no les ha salido nada es en Siria. Por un lado, las críticas que había hacia Bashar al-Asad en la propia República Árabe fueron disipándose con las reformas emprendidas desde el mismo Baaz, y lo único que han conseguido es que el pueblo sirio (uno de los pueblos más preparados, conscientes y orgullosos del mundo arábigo), en abrumadora mayoría, se repliegue a favor de su presidente y combata contra la injerencia extranjera. A eso, sumémosle la finta diplomática de Rusia, quien hizo caer al bobalicón John Kerry en su propia trampa, haciendo el país de las barras y estrellas un ridículo como no se había visto en la contemporaneidad de las relaciones internacionales. Desde todo punto de vista, tuvieron que asumir la ilegalidad de una intervención armada como las de Iraq y Afganistán. Obama (¡premio nobel de la paz!) y McCain, quienes estuvieron teóricamente disputándose unas elecciones, sin embargo, concuerdan en armar a los mercenarios wahabitas que, venidos del Magreb, Chechenia, el África Negra o sacados de las cárceles saudíes, siembran el caos y exterminan cristianos. Sin embargo, no contentos con la matanza de cristianos árabes (no lo olvidemos: los descendientes directos de los primeros cristianos. No es casualidad esta saña) y con este estrepitoso y sanguinolento fracaso, ahora van por Ucrania. Pero esto no es nada nuevo: Tenemos que remontarnos en el tiempo, porque a muchos les sonará la Guerra del Cáucaso, pero es que antes que la Georgia de Saakashvili estuvo Kosovo, donde hay monumentos a Clinton y Bush. ¿Qué interés tenían los Estados Unidos en los Balcanes? ¿Hay petróleo o gas por allí? En principio parece que no, aunque hay rumores de que entre Albania y Kosovo hay reservas de petróleo y gas natural. Y la cercanía de zonas estratégicas es evidente, empezando por la presencia del Mediterráneo. ¿Pero por qué ese apoyo a Albania, y en concreto, al nacionalismo albanés que sigue ansioso de una Gran Albania que nunca existió, y más a costa de aquella tierra tan significativamente serbia (su Covadonga, por así decirlo)?

Vayamos escudriñando los tiempos:

KOSOVO:


La Guerra de los Balcanes saltó a la palestra informativa por mor de su crueldad. En español tenemos el concepto «balcanización» y no es casualidad. Yugoslavia, esto es, «Paneslavia del Sur», fue un engendro apoyado en su día por el imperialismo anglosajón que eclosionó tras la Gran Guerra para socavar los Imperios Centrales, y de paso, finiquitar el Imperio Ruso aun estando como aliado, que no se olvide. A posteriori, las plausibles fracturas balcánicas fueron mitigadas por una dictadura comunista encabezada por Tito, quien siendo teóricamente croata, era de sangre eslovena y judía. Por desgracia, aquí no se cumplió eso de que muerto el perro, se acabó la rabia: Aquí parecía que muerto el perro, la rabia era todavía peor, y se desencadenó una guerra de todos contra todos y sálvese quien pueda donde una Europa inservible apenas acertaba a mirar y unos Estados Unidos siempre ávidos aprovecharon para meter sus narices de lleno, apoyándose principalmente en los albaneses. Albania, un país de apenas cinco millones de habitantes, donde la religión mayoritaria es la islámica y que está enfrentado a todos sus vecinos, y que en la 2GM cooperó abiertamente con el nacionalsocialismo alemán para formar la «Gran Albania», y luego estuvo en la órbita de los regímenes marxistas… ¿Qué se les había perdido a los gringos por Tirana y alrededores? En verdad no mucho a priori, pero desmenuzando el percal, podemos ver que mientras Alemania se disputaba Eslovenia y otros países occidentales se disputaban las fincas turísticas de Croacia, Rusia ponía sus ojos en Serbia y viceversa. Los norteamericanos estaban pendientes de que Yeltsin dejara Moscú como un solar para extender la mano y disponer con facilidad, primero, de cuantiosas reservas de cereales, petróleo y gas, y segundo, de llegar a Asia por Europa a placer. Aparte del negocio que se podía hacer con los depósitos de armas, negocio que podría abrirse a todas las ex-repúblicas soviéticas. Pero la cosa está en que no se consagró el «yeltsinismo», y Rusia, con todos sus defectos y problemas, no sucumbió a los occidentales cantos de sirena. Apareció un tal Putin, que había sido miembro del KGB y había pululado por ahí con Yeltsin, y poco a poco se fue haciendo con las riendas.

Con todo, entonces nadie pensaba ni en Rusia ni en Serbia. De Clinton a Bush se aupaba a una mafia islámica cuyos vínculos con el tráfico turco de heroína y con la venta de órganos es más que descarado. No pocos paisanos de ellos, cuando van a España (y a otros muchos países), se hacen famosos por sus asaltantes maneras, que consisten en que amén de robar todo lo habido y por haber, apalean y violan a las víctimas. Nadie entendía a qué venía esto. Pero era el primer trazo geopolítico que adelantaba el siglo XXI. Luego de la caída del muro de Berlín, el escenario mudaba. De los Balcanes se fue a los terribles atentados del 11 de septiembre de 2001, y nos vendieron que la destrucción de las Torres Gemelas fue perpetrada por cuatro islamistas locos. De Mohamed Atta no quedó ni rastro, sin embargo, apareció su pasaporte. Ya ni se molestan en hacer bien los montajes… Después de esta brutalidad que sacudió al mundo, matando a tantos inocentes, la ingeniería social se creyó con el campo libre. La implementación de políticas antifamiliares, ya fuera por abortismo u homosexualismo, experimentó un brutal auge. España conoció en los 80 la llamada «movida madrileña» con un Tierno Galván, socialista alcalde de Madrid, que decía que «el que no esté colocado que se coloque», para alucinógeno aliño de la Transición; y en los 90, gracias a figuras como el venezolano Boris Izaguirre, cuyo cometido era saltar, gritar y enseñar el culo, la telebasura aumentó hasta llegar a sus más asquerosas cuotas, permaneciendo hasta hoy en este plan. El ser una loca desatada se convirtió en un reclamo profesional. Si en los años 80 las leyes abortistas se habían generalizado, todo iba ir a todavía peor, enseñando el infanticidio como un «derecho inherente a las oprimidas, explotadas e históricamente menospreciadas y vejadas mujeres» y exigiendo que el Estado lo financiase.

LAS TORRES GEMELAS FUERON DEMOLIDAS

Por entonces Vladimir Putin veía los nefastos resultados que esto estaba trayendo a Occidente y pensaba que si Rusia seguía esa estela, no levantaría cabeza nunca y se convertiría en un país débil. Con todo, la ofensiva yanqui por convertirse en una incontestable potencia unipolar seguía con sus acelerones, y fue en caucásica dirección.

CÁUCASO:


Por Georgia apareció un tal Mijeíl Saakashvili. Su única ideología definida era que Georgia entrase en la Unión Europea y en la OTAN. Casado con una norteamericana e introductor de la CIA y el Mossad en su país, eliminó con malas artes a sus opositores y pronto se mostró como dueño y señor de Georgia, un país tradicionalmente aliado de Rusia y luego parte del imperio de los zares, que tras la caída de la URSS quedaba en la más absoluta indefinición, al igual que sus vecinos. Putin advirtió que Rusia no iba a tolerar más casos como el del Kosovo, auténtica tragedia para el pueblo serbio y para toda Europa. Sin embargo, a Estados Unidos le había salido muy fácil la jugada, y pensó que todo el monte era orégano. Ante la indefinición rampante, pretendió seguir un discurso de Guerra Fría y fomentar la división entre (teóricamente…) rusófilos y rusófobos. Saakashvili era lo segundo, y claro, resulta que en Abjasia y Osetia del Sur, buena parte de la población no quería saber nada ni de estar contra Rusia ni de la república georgiana propiamente dicha. Saakashvili no entendió eso y obligó manu militari a esa población no ya sólo a estar bajo su mando, sino a estar en la órbita de la Unión Europea y la OTAN, ante lo cual Rusia hizo valer su influencia e interés, protegiendo así a una población que se consideraba parte de su contexto patrio. En cinco días, Saakashvili hizo el ridículo más absoluto. Sus asesores norteamericanos e israelíes, así como la Unión Europea a la que tanto aclamaba, lo dejaron más tirado que una colilla. La huella que dejó en el castigado pueblo georgiano fue grave, y de ahí muchos sacaron la conclusión que ni él, ni la Europa occidental ni la OTAN eran de fiar.

Mijeíl Saakashvili, es un traidor

Putin lo advirtió: No iba a haber otro Kosovo.

Con todo, desde Hollywood se ayudaba ya a la guerra mediática, por ejemplo con la peliculita «Cinco días de guerra», de Renny Harlin. No nos llega a Occidente ni una película rusa, pero desde este lado del mundo muy pronto se utilizan la televisión y el cine para crear monstruos a conveniencia.

¿PRIMAVERA ÁRABE?

Prosigamos: Estados Unidos pensó que esto no sería más que un tropiezo, porque como decía el hoy entalegado José María Del Nido, lo mejor está por llegar. Ya no hay Pacto de Varsovia, por tanto, hay que pensar en otra cosa, y desde las Torres Gemelas del 11 de septiembre y los trenes de Madrid del 11 de marzo (cuya vergonzosa versión oficial nadie se cree), el islamismo loco era el eje del mal según la administración Bush. Luego vino Obama, y se llevó por banda el premio Nobel de la paz. ¡Toma ya! Mas Obama seguía metido en Afganistán y dejaba Iraq como un solar. Sin embargo, la estrategia parecía un poco diferente: Las dictaduras laicas de Túnez a Egipto debían ser arrasadas, dizque en nombre de la democracia y la libertad.

Si bien la ministra Condoleeza Rice parecía hacer las paces con Gadafi, la venganza que se estaba preparando era terrible. Ciertamente, Gadafi no era un santo, y le gustaba más el poder absoluto que a un tonto un lápiz, pero hay una cosa que hay que reconocerle: Su enorme habilidad política. Aunque Libia es un país con gas y petróleo, no llega a siete millones de almas, divididas en tribus mal avenidas en la mayoría de las veces. Gadafi, desde muy jovencito, aprovechó su experiencia militar y política para anteponerse como equilibrio ante los diferentes intereses y divisiones de un país de idiosincrasia beduina. Como estaba en contra de la política de Occidente, apoyó todo lo que intuía que podía fastidiarlo por dentro, ya fuera a la derecha o a la izquierda, y por eso, lo mismo hacía buenas migas con neofascistas europeos que financiaba a la Nación del Islam de los negros norteamericanos. Fue una especie de Maquiavelo moro. Con todo, lo cortés no quita lo valiente, y justo es decir que en Libia no se pasaba hambre, y era el único país del Magreb cuyos hijos no se veían forzados a emigrar, todo lo contrario de lo que acontece en Marruecos, Argelia y Túnez. Y es que tenemos que tener en cuenta lo siguiente: No hay estados-nación en buena parte del mundo. El estado-nación es un invento artificial de la criminosa Revolución Francesa, que vio su consecución con las desordenadas revoluciones del siglo XIX bajo los auspicios del romanticismo, ante un mundo que perdía acaso definitivamente el orden de las monarquías tradicionales. Querer aplicar este concepto revolucionario y partidista a otros entornos socioculturales, y más concretamente en un ambiente como el Magreb, con tanta influencia tribal, es no entender absolutamente nada. Y Gadafi sí que lo entendió bien, conociendo Europa por dentro en su juventud. Pero al final, cayó en la trampa de los gringos y los europeos, y sus buenas relaciones traducidas en negocios vieron su contrapunto en una guerra asquerosa teledirigida por Obama y capitaneada por la Francia de Sarkozy. En Túnez, Ben Ali salió corriendo a las primeras de cambio. Gadafi quiso resistir, incluso tras el montaje montado por el sionista Bernard-Henri Lévy en una supuesta Plaza Verde que en verdad era un plató televisivo de Qatar, tiranía petrolera aliada de los angloamericanos y muy interesada en extender su visión wahabita del islam, y en primar económicamente sobre los vecinos que puedan ser más o menos díscolos. Y hay que contarlo todo: En la cuestión libia, el papel de Medvédev, quien entonces era el político más destacado de Rusia, fue el de comparsa.

George Bush desintegró Iraq y Nicolas Sarkozy a Libia, dos países que eran baluartes contra el islamismo

Bernard-Henri Lévy es, uno de los arietes intelectuales de la política imperialista de Norteamérica, de la OTAN y, por su condición de propagandista del sionismo, del Estado de Israel. En consecuencia, el discurso de Lévy no podía ser otro que el de la justificación de liquidación manu militari de regímenes nacionales, como el iraquí de Sadam Husein, el libio de Gadafi o el sirio de Bashar el Asad, cuyo único delito ha sido poner obstáculos a la política de hegemonía y saqueo a gran escala de materias primas de los imperialistas.

Con todo, Gadafi siempre fue una garantía de respeto para los cristianos. El único país del Magreb que recibía emigración por mor de oportunidades laborales, donde la pobreza había sido eliminada, ofrecía tolerancia tanto para los negros como para los trabajadores europeos y asiáticos. Sin embargo, pronto en la Libia postgadafista comenzaron las terribles persecuciones a los cristianos, siendo muchos negros masacrados bien por cristianos bien por gadafistas, mientras que la prensa políticamente correcta calla este odio racial, político y religioso. En Iraq, el 3% de la población cristiana no había tenido problemas bajo el baazismo de Sadam Hussein; en cambio, cuando llegaron las barras y las estrellas se dispararon los asesinatos, siendo que la gran mayoría ha emigrado del país. Este patrón es el que se va a intentar reproducir en Egipto, mas allí la cosa no es tan fácil, ya que el 15% de la población es cristiana, de cóptica tradición para más señas. Sin embargo, los Hermanos Musulmanes y adláteres implantaron una política de terror, apoyados por los jeques sauditas. Pero la reacción no se ha hecho esperar, y a la par que muchos musulmanes de buena voluntad que han protegido a sus paisanos cristianos, el ejército ha reaccionado y el corrupto Morsi ha sido depuesto. Con todo, la situación en Egipto tras el derrocamiento de Mubarak (quien estaba admitido en la Internacional Socialista) es muy confusa, como ya apuntamos.

Y claro, como lo de Túnez fue pan comido y en Egipto se creó lo que se creó, Siria debería caer como una pieza más del dominó mundial. Pero he ahí que pasó lo que ellos quizá no se esperaban: Que la República Árabe de Siria resiste y se mantiene, puesto que, como dice el periodista Vicente Talón Ortiz, tiene un sistema creado, y eso no se derrumba tan fácil.

Vicente Talón Ortiz (n. Valencia, España; 23 de julio de 1936), periodista, corresponsal de guerra y escritor español. Fundador con Arturo Pérez-Reverte de la revista Defensa que dirigió durante treinta años (1977-2007).

Realmente, en los pueblos árabes, como en tantos otros pueblos del mundo, el sistema de partidos políticos surgidos del mundo anglosajón y la Revolución Francesa y Francia no ha calado. Siria no es un país tribal, pero su historia está regida por caudillos y emperadores. Y si en España, que ya los romanos hablaban de la Devotio Iberica y Alfonso X el Sabio trató el caudillaje en sus Partidas, nunca calará, no esperemos que en otras latitudes lo haga. La «democracia absoluta», cada vez más corrompida y menos disfrazada, es en verdad el poder absoluto para las oligarquías financieras que no tienen más patria que el parné. En Europa, ya ni se molestan en disimular. Para eso sirve la burocracia europeísta: Véanse, si no, los puestos a dedo en Grecia e Italia, o como a España desde hace años se le veta su potencial de producción agropecuaria, sobre todo en productos como el aceite y la leche. Y eso es lo que la administración Obama está intentando imponer en los países árabes. En Libia y Túnez, esto se antoja tragicómico. Pero en Siria, la resistencia se ha hecho efectiva. El pueblo sirio es bien avispado y no se enfrenta a «rebeldes compatriotas», sino a mercenarios pagados por Estados Unidos e Israel y venidos de muy distintos puntos del planeta. Asimismo, Bashar al-Asad sigue siendo muy popular en Siria, y si él quisiera ser reelegido, podría serlo con relativa facilidad. A Estados Unidos le ha salido el tiro totalmente por la culata. Lejos de aprender de sus grandes errores históricos, se creían que el cuento del Maine, con el que invadieron las últimas Españas Ultramarinas, les iba a salir de rositas siempre. En el Vietnam no fue así. Franco le advirtió por carta a Johnson que la guerra estaba perdida, que se fuera de allí; y también le dijo que Hồ Chí Minh era un patriota.

La devotio ibérica era un pacto que contemplaba dos vertientes: en primer lugar, el soldado reconocía la autoridad de su caudillo y juraba protegerle en el combate. A cambio, el jefe tribal de turno se comprometía a defender los intereses de sus devoti ayudándoles a medrar en la escala social.  Por otro lado, la devotio constituía un juramento a Tanit, la diosa reflejo de la Astarté fenicia que habían traído hasta la península las incursiones comerciales de aquel imperio comercial llamado Cartago. Mediante este juramento, el guerrero ofrecía su vida a la diosa a cambio de la salvación de su caudillo. Este pacto con Tanit convertía al soldado en un devoti de pleno derecho. Su vida ya no le pertenecía, estaba en manos de la diosa y sería ella la que decidiera el momento preciso en el que el guerrero debía encontrar la muerte.

Hồ Chí Minh fue un poeta, político comunista vietnamita, y presidente (1954-1969) de la República Democrática de Vietnam, más conocida como Vietnam del Norte.

No sabemos qué brillantes conclusiones sacarán de estos hechos aquellos que piensan en Rusia y se les viene la URSS al momento. Nosotros le podremos oponer aquello que dijo el mentado y añorado Solzhenitsyn: «Tienes que entender. Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos. Ellos odiaban a los rusos. Ellos odiaban a los cristianos. Impulsado por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin una pizca de remordimiento humano… Con sus manos manchadas de sangre, muchos de mis compatriotas sufrieron más horrendos crímenes que cualquier pueblo o nación alguna vez haya sufrido en la totalidad de la historia humana. No estoy exagerando. El bolchevismo ha llevado a cabo la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo sea ignorante e indiferente sobre este enorme crimen es prueba de que la media mundial está en manos de sus autores». Y es que Solzhenitsyn no se cansó de denunciar que en verdad en Occidente no existía propaganda anticomunista sino anti-rusa. Desde los Estados Unidos, se enfocaba el problema soviético como el problema del «malvado ruso», obviando que muchos soviéticos eran judíos, georgianos, bálticos, o incluso «ucranianos»… Y obviando que el pueblo ruso fue el pueblo que más vidas y sacrificios entregó en esta trágica parte de su historia, siendo que la diáspora de rusos es superior a veinte millones de personas esparcidas por Europa y Asia. Y encima, seguimos con la propaganda del «ruso malo», volviendo ahora a reverberar el discurso facilón, convergiendo en Occidente lo mismo a través de liberales que de progres, feministas y neonazis, quienes en Ucrania se unen con el mayor de los desenfados, bajo el mando del mentado Bernard-Henri Levy. La ofensiva estadounidense utiliza a estos diversos grupos juntos y revueltos intentando sacar de quicio el sentimiento antisoviético (¡a buenas horas, mangas verdes!) y los choques interétnicos, y mientras que en Europa se armó la escandalera del siglo cuando el partido griego Amanecer Dorado obtuvo representación parlamentaria, sin embargo, nadie ha hablado del racismo de Svoboda, Pravy Sektor y compañía, cuyo odio a rutenos y polacos es público y notorio. Y claro, tampoco se quiere caer en la cuenta que buena parte de Ucrania, al ser uno de los territorios tradicionalmente rusos, es rusófona, y que en verdad Crimea jamás ha sido ucraniana como tal.

Con todo, a ciertos pretenciosos historicismos utilizados por románticos tardíos, se les podrían oponer muchos otros y desde un punto de vista español, en especial sobre cómo la monarquía rusa apoyó la causa de Carlos V de España, o cómo a posteriori Jaime III, rey legítimo y gran patriota español, que fue vetado en la armada austro-húngara y sin embargo, sirvió a las órdenes del zar Nicolás II.

Y es que de todas formas, aquí no se trata de Putin o no Putin, se trata del papel geopolítico y espiritual que juega Rusia en nuestro tiempo, en el tiempo de un Kerry cuya pérdida electoral es recompensada en la más alta burocracia. Lo mismo le sucedió a Hillary Clinton. Estos son los méritos del autoproclamado «país de las oportunidades»…

Amén de la gran jugada diplomática de la Federación Rusa, que ha impedido una intervención directa —imitando los modelos de Afganistán e Iraq—, estamos ante el único país europeo que le ha ofrecido un protectorado a los cristianos árabes (ofreciéndose a colaborar con el Vaticano, si se diera el caso), esto es, los descendientes directos de los primeros discípulos de Nuestro Señor Jesucristo, mientras que la cómplice Unión Europea calla ante este genocidio perpetrado por las armas y los dineros anglo-sionistas.